
“Pues yo no huelo nada.” Esta es la frase que dijo el policía local que llegó esta noche a mi casa, a eso de las 3:30, tras haber llamado previamente yo a los bomberos (tampoco entiendo por qué no vinieron ellos) por un posible escape de gas.
“Yo no huelo nada.” Es que hay que joderse. ¿Pero cómo va a oler si tengo toda la puta casa abierta de par en par? Si tal para la próxima, cierro todo a cal y canto para que así, cuando lleguen los “refuerzos”, al vernos yaciendo inconscientes en el suelo, no tengan ninguna duda del escape.
Además, para qué valen dos policías locales en caso de escape de gas. Es que no lo entiendo. Os juro que no lo entiendo.
En fin. Me decía el poli “Si quieres llamo a los bomberos y les digo que vengan”. “Pues tú dirás, pero si es un escape y se va a tomar por culo el puto edificio, yo no voy a ser el responsable. Víctima, seguro. Pero no el responsable”. Vamos le dije que sí. Que llamara a putos los bomberos.
Los bomberos en mi casa. La poli, en mi casa. Ya me imagino los comentarios de hoy en el edificio “Ayer vinieron la policía y los bomberos al sexto, Maruja” “Seguro que se les fue la mano con algo. Esta juventud. A saber qué estarían haciendo”. En fin, ya me ocuparé luego de analizar las miradas.
El caso es que los bomberos nos hicieron menos caso que la policía. Llegaron, midieron con un aparatito y nos dijeron “Aquí no hay escape”. A tomar por culo. Y encima nos miraron mal.
Así que pasamos la noche con todas las ventanas abiertas y esta mañana teníamos pensado llamar al técnico de Gas Natural, pero ya no olía. Debió ser de otro piso. Menos mal.







