
Mis abuelos, Julia y Valentín, tuvieron que marcharse del país. Se fueron a Santo Domingo pasando primero por Francia, donde nació una de mis tías.
Eran la extraña pareja. Mi abuelo vasco y rojo. Mi abuela madrileña, artista y de derechas. Una buena mezcla. Siempre me pregunto cómo hacía mi abuelo para convivir en una casa con imágenes de Jesús y banderas rojigualdas. Pero parece que lo llevaban bien.
Por parte de mi padre, mis abuelos, Vicente y Lucía, se quedaron en Madrid. A mi abuelo le acusaron de rojo al acabar la guerra, le echaron de su trabajo y mi padre tuvo que ponerse a trabajar porque el dinero no llegaba.
Esto es sólo una muestra de lo que pasó en ese país hace ahora 70 años. Es una lástima que nunca haya podido hablar de nada de esto con mi familia
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. Mi abuelo Valentín murió en accidente de coche mucho antes de que yo naciera. Con mi abuela Julia nunca hablé de esto porque era muy pequeño, igual que me pasó con mis otros abuelos, Lucía y Vicente.
Tampoco estudié nunca nada de la Guerra Civil en clase en mi época de “estudiante”. Parece que el Paleolítico y el hombre de Neanderthal eran más importantes que lo que había sufrido parte de mi familia.
Siempre he sentido la necesidad de conocer algo de ese período de tiempo, no tan lejano, y que tanto ha marcado el devenir de España en los tiempos que vivimos.
Para eso empecé a buscar información en los libros (Soldados de Salamina, Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie, La batalla de Madrid) y, claro está, en internet.
Más o menos me voy haciendo una composición de lugar, pero sigo estando cojo. Me falta hablar con la gente que vivió el conflicto. De vez en cuando voy a casa de la familia de mi novia y su abuelo, que gusta de hacerse escuchar, nos cuenta alguna “batallita”. Es genial.
Espero que haya más gente interesada en saber más sobre esa etapa tan dura en la historia de España porque será la única manera de asegurarse de que no vuelva a ocurrir.








